ABRIMOS LOS SÁBADOS

Periodoncia

Debemos cepillarnos los dientes después de cada comida, y sobretodo antes de ir a dormir, durante 2 minutos. Nos puede ser útil tener un reloj delante mientras nos cepillamos para controlar el tiempo.

Para limpiarnos los dientes correctamente deberemos cepillamos haciendo movimientos verticales, nunca horizontales. Cepillaremos por dentro y por fuera de los dientes, y en la zona de las muelas lo haremos haciendo movimientos rotatorios para llegar a todos los rincones. Completaremos el cepillado limpiando la lengua, pues también en su superficie se acumula placa bacteriana.

La vida del cepillo es de unos 3 meses, pasado este tiempo es conveniente cambiarlo, pues pierde efectividad.

El cepillo se puede usar con una pequeña cantidad de dentífrico. En el mercado existen muchos tipos de pasta dental, cada una de ellas con objetivos específicos según el caso (anticarias, desensibilizantes, desinfectantes, …). Será su dentista quien le informe sobre cuál es la pasta adecuada para su caso.

Otro buen aliado es el hilo o seda dental, pues ayuda a eliminar restos de alimentos que son inaccesibles al cepillo y a eliminar restos de comida que quedan entre los dientes. Hay hilos totalmente o parcialmente encerados, con flúor y mentolados.

La técnica para usarlos consiste en cortar un trozo de hilo y enrollarlo entre dos dedos. Seguidamente se debe de introducir entre los dientes, pasándolo suavemente de un lado a otro, y moviéndolo de arriba a abajo, 5 o 6 veces en cada espacio, bajándolo hasta la encía, con precaución de no perjudicarla. Esta operación debe de ser repetida en todos los espacios interdentales.

Existen también unos cepillos específicos para limpiar el espacio que hay entre los dientes si este es demasiado amplio. Estos cepillos son los llamados “interproximales”.

Finalmente podemos enjuagarnos con colutorios con el fin de reforzar la limpieza, piense, sin embargo, que solos no eliminan la placa bacteriana, pero si que se pueden usar después del cepillado de los dientes, para completar la acción de la pasta.

Nunca es tarde para adquirir unos buenos hábitos, y por ello nuestro dentista o higienista nos pueden ayudar a conseguir una buena técnica de higiene dental y a detectar áreas que merecen una atención especial durante el cepillado.

¿Qué es la Enfermedad Periodontal?

En una boca sana los dientes están anclados en el hueso maxilar mediante un complejo tejido que actúa como ligamento de unión entre la raíz del diente y el hueso que lo soporta. Este tejido sujeta el diente al hueso fuertemente y además actúa como amortiguador cuando se mastica. En una encía enferma las bacterias atacan estos huesos de soporte, debilitándolos y destruyéndolos, permitiendo que los dientes se acaben moviendo y finalmente cayendo.

Las bacterias responsables de esta enfermedad se alojan en la placa bacteriana, que es una sustancia pegajosa y blanquecina que se acumula constantemente en la superficie de los dientes y que se calcifica con el paso del tiempo, formando lo que se conoce como cálculo dental o “sarro”.

Gingivitis: Esta primera etapa de la enfermedad es una inflamación de las encías provocada por la acumulación de placa en el borde de la misma, la cual, al no ser eliminada por el cepillado y el uso diario del hilo dental, produce toxinas que irritan el tejido gingival, causando gingivitis. Puede observarse sangrado durante el cepillado, al usar el hilo dental o incluso de manera espontánea. En esta primera etapa de la enfermedad el daño puede revertirse, ya que el hueso y el tejido conectivo que sostiene los dientes en su lugar todavía no han sido afectados de forma irreversible.

Periodontitis: En esta etapa, el hueso y las fibras que sostienen los dientes en su lugar sufren daños irreversibles. Se forma una bolsa debajo del borde de las encías, donde quedan atrapados los alimentos y la placa. El tratamiento dental adecuado y una atención en el hogar más cuidadosa, generalmente, ayudan a prevenir daños mayores.

Periodontitis avanzada: En esta etapa final de la enfermedad, se destruyen las fibras y el hueso que sostiene los dientes, lo que hace que los dientes se desplacen o se aflojen. La mordida puede verse afectada y, si no se realiza un tratamiento adecuado, puede suceder que el dentista tenga que extraer los dientes.

¿Cómo sé que tengo Enfermedad Periodontal?

Consulte al odontólogo si observa alguno de los siguientes síntomas:

• Las encías están enrojecidas, inflamadas o sensibles.
• Hay sangrado de encías al cepillarse o al utilizar el hilo dental.
• Los dientes parecen ser más largos porque las encías se han retraído y se ven las raíces.
• Se sienten cambios en el modo en que cierran los dientes al morder.
• Puede haber salida de pus entre los dientes y las encías.
• Presencia de movilidad dental.
• Se percibe constantemente la presencia de mal aliento o mal sabor en la boca.

¿Cómo se trata esta enfermedad?

Las primeras etapas de la enfermedad, por lo general, pueden solucionarse con el cepillado correcto y el uso apropiado del hilo dental.Una buena salud bucal ayudará a evitar la formación de placa.

Una Higiene Dental Profesional llevada a cabo por el dentista o el higienista es el único modo de eliminar la acumulación de placa que se ha endurecido y convertido en sarro. Su dentista o higienista limpiará sus dientes para eliminar el sarro por encima y justo por debajo del borde de la encía. Si su afección es grave, quizá lleve a cabo un procedimiento de Raspado Periodontal (consiste en la eliminación mediante instrumentos específicos -curetas- del cálculo dental que se encuentra tanto encima como debajo de las encías. Estos Raspados se hacen por cuadrante y generalmente bajo anestesia local). En otros casos más graves se realizará un Tratamiento Quirúrgico (se realiza una pequeña cirugía para llegar al fondo de las lesiones y poder reducir las bolsas periodontales infectadas).

En cualquier caso resulta fundamental un mantenimiento riguroso supervisado por su dentista y unos cuidados en casa por parte del paciente de por vida.